COLUMNA

El centro histórico: la herida abierta de nuestra memoria

Las grandes ciudades que hoy ostentan con ufanía sus centros históricos —Cusco, Cartagena, Quito, La Habana— también conocieron el polvo del olvido.

canal de WhatsApp

Septiembre se nos anuncia como el mes del patrimonio, una cita con la memoria, una invitación a reconocernos en las huellas del tiempo. Sin embargo, en Valledupar ese llamado resuena como eco quebrado en un espacio que, siendo el epicentro de nuestra historia, yace hoy como un territorio de sombras: el centro histórico.

Ese corazón de piedra y cal que debiera palpitar con orgullo, vibra en cambio con la fatiga de la indiferencia. Sus calles, otrora arterias de la vida social, se han convertido en senderos desiertos donde el silencio se mezcla con la basura, la inseguridad y el miedo. Lo que en tantas ciudades del mundo es altar de la memoria colectiva y motor del porvenir, entre nosotros se ha tornado en exilio, en un centro que ya no congrega, sino que dispersa, un corazón que ya no late, sino que se consume en un murmullo de abandono.

La última intervención oficial, presentada como promesa de renacer, no fue sino un gesto estético condenado a la superficialidad. Pintamos fachadas, alisamos aceras, encendimos luminarias. Mas la vida no volvió. Aquella obra, celebrada con cifras grandilocuentes, resultó ser apenas la firma de un acta de defunción: “la última gota de tinta que selló el libro y lo dejó cerrado para siempre”. Embellecimos la herida, pero no la curamos.

Sigue leyendo

Crea tu cuenta para leer el artículo completo

Desbloquea el resto de la historia e inicia sesión para seguir leyendo sin interrupciones.

TE PUEDE INTERESAR