Hay una escena que se repite con demasiada frecuencia en el Cesar. Un local abre sus puertas con entusiasmo, una familia apuesta sus ahorros, un emprendedor confía en su idea y el barrio celebra la llegada de un nuevo negocio. Meses después, el mismo lugar exhibe un aviso de “Se arrienda”, que no significa solo el cierre de una empresa, sino una oportunidad que perdió el territorio.
Por eso, la competitividad de una región no debería medirse únicamente por el número de empresas que nacen, sino por la capacidad de lograr que permanezcan.
El más reciente Índice Departamental de Competitividad deja un mensaje que merece una lectura más profunda que la simple posición del Cesar en el escalafón nacional. Aunque el departamento aún enfrenta rezagos importantes, también avanzó en nueve de los trece pilares evaluados. Esa es una buena noticia porque demuestra que existen capacidades para mejorar.
