Por Gustavo Cotes Medina
Desde mi lejana niñez estoy escuchando hablar, con el mayor interés, del proyecto multipropósito de Urrá y del canal interoceánico de Nicaragua. Hoy, Urrá es una realidad en su primera etapa, con la dirección exitosa del ingeniero monteriano Alfredo Solano Berrío, y el canal de Nicaragua me ha parecido siempre una quimera, una ilusión y una esperanza falsa.
Hace pocos días los legisladores de Nicaragua le están dando una respuesta a su pueblo que examina la posibilidad de hacer realidad este ambicioso proyecto y, en ese orden de ideas, le otorgaron a una empresa de Hong Kong la concesión por cincuenta años para construir un canal interoceánico con un valor estimado de 40.000 millones de dólares. Se considera que este es el resultado de un sueño interminable de más de cien años.




