Por: Rodolfo Quintero Romero
La celebración de la fiesta de la Leyenda del Rosario y el Festival Vallenato es quizás el evento folclórico religioso que más gente moviliza en el país. Numerosos fanáticos vienen a acompañar a sus respectivos ídolos con la ilusión de verlos regresar coronados como reyes. Miles llegan de toda la región Caribe a reunirse con amigos y familiares a disfrutar los sabores del acordeón.Arriban también extranjeros atraídos por la magia del vallenato en vivo y a comprobar la fama de buenos anfitriones que se han ganado los valduparenses a través del tiempo. Romerías de parranderos procedentes del interior del país acuden a cumplir un ritual de fidelidad con este folclor orgullosos de haber asistido sin interrupción a los últimos 20 festivales, por decir algo.
Sorprende, en el sofoco de los calores de abril, ver a gerentes generales y ejecutivos de multinacionales apropiarse sin pudor del honor de brindar las parrandas más exquisitas, sentar cátedra sobre los vericuetos más intrincados de la música vallenata, cantar sus clásicos, contratar a los mejores conjuntos y brindar ríos de güisqui y finas viandas.




