En Colombia, los deportistas han sido históricamente una fuente de orgullo nacional, logrando hazañas que desafían todas las probabilidades. Sin embargo, detrás de cada medalla, detrás de cada victoria que celebramos con fervor, se esconde una realidad preocupante: la falta de apoyo constante y sostenido a nuestros atletas.
Recientemente, se ha hecho evidente que muchos de nuestros atletas de élite, aquellos que deberían estar completamente enfocados en su preparación física y mental, se ven obligados a pagar sus propios viajes y entrenamientos debido a la ausencia de apoyo económico por parte del Ministerio del Deporte. Este es un escenario que se ha repetido año tras año, donde solo se brindan aplausos y reconocimiento cuando se gana, pero se ignora el arduo camino que conduce a esos triunfos.
Un claro ejemplo de esta situación es el caso de los deportistas que, para poder participar en competiciones internacionales, deben cubrir de su bolsillo montos que pueden alcanzar hasta los 20 millones de pesos por evento. Para muchos de estos atletas, que no cuentan con patrocinios sólidos, esta es una carga insostenible. Flor Ruiz, por ejemplo, una destacada atleta que perdió su medalla en los Juegos Olímpicos entrena sola y sin el respaldo adecuado, enfrentando obstáculos financieros que no deberían estar en el camino de quienes aspiran a representar al país en competencias internacionales. Esta falta de apoyo no solo afecta su desempeño, sino que envía un mensaje desalentador a las nuevas generaciones de atletas que sueñan con llegar a lo más alto.




