En el caribe despedimos el año desde septiembre. Desde ese mes una popular emisora nos señala que ya se siente diciembre, y escuchamos por todas partes “este año ya se acabó” y la misma emisora nos da el ultimátum: “Párale bola, que se está acabando el año…”. Y así, nos vamos concentrando en la temporada navideña con sus fiestas y organizando lo que viene para el nuevo ciclo.
Es normal esa sensación de fin de año, con esos informes en las empresas, balances de último trimestre, cuentas que se presentan corriendo, preparación de viajes para disfrutar en familia y así todo transcurre a una velocidad sin sentido, olvidando que aún estamos en este mundo, que nada se acaba el 31 de diciembre y que nada inicia el 1 de enero.
Estos días aún tenemos mucho por ofrecer y también mucho por recibir. Concentrarnos en las fiestas provoca un grado de irritabilidad por pensar más en gozar de un momento de festejo que en deleitarnos con la compañía de otras personas. Por ello, salimos a las calles acelerados con la mano en el pito del carro contagiando a los demás de nuestra delirante carrera lanzando insultos y hasta ocasionando conflictos por cosas insignificantes.




