En su libro Formación Integral y competencias, Sergio Tobón concluye que “formar personas éticas y con competencias para asumir los retos del mundo actual y futuro, requiere entonces que los diferentes actores que intervienen en el proceso educativo asuman plenamente sus responsabilidades con el mayor compromiso posible”, de donde se desprende que como individuos, sociedad, gobierno o educadores, todos tenemos una responsabilidad en esa formación/ educación.
Tobón en su modelo socioformativo propende por un aprendizaje autónomo y colaborativo hacia un proyecto ético de vida. Sabemos que esta idea es muy hablada pero poco practicada, debido a que la ética se volvió uno de los rellenos menos respetados de cualquier currículo escolar. El modelo es sistémico en tanto debe garantizar su engranaje tanto horizontal como verticalmente. Resalta la necesidad de una integralidad consigo mismo, con los demás y con su entorno ecológico, razón por la cual toma ese nombre.
Se agregan otras características como sentido de vida, creación artística y vivencia espiritual partiendo de lo complejo y todas sus posibles interconexiones, para que haya corresponsabilidad entre la persona y el entorno social, cultural, económico y ambiental.




