Aunque se diga que toda comparación es odiosa, la historia está llena de parangones, pero entre semejantes. Siempre ha surgido la comparación entre Aníbal, Alejandro Magno y Napoleón por sus proezas y estrategias militares; entre San Martín y Bolívar o entre este y Napoleón. Más, comparar un ser irracional con uno racional parece descabellado. Sin embargo, haciendo una alegoría, quizás sea posible hacerlo mirando por donde han pasado. Tal parece ser el caso de Othar, el caballo de Atila, con Duque.
Dice la historia, con algo de exageración, que Othar por donde pasaba no volvía a nacer la hierba. Igual podríamos decir de Duque; después de su gestión como presidente, será difícil que resurjan las finanzas de Colombia porque su erario quedó como el Sahara, totalmente estéril. Que la gente vuelva a vivir solo de su trabajo requerirá que las virtudes vuelvan a nacer e irriguen buenas costumbres en la Nación.
Dice la comisión de empalme que la olla quedó raspada y se llevaron hasta la estufa, no dejaron formas para cocinar. Parece que temieran nunca más volver al poder porque en pocas horas repartieron la torta.




