“París bien vale una misa”, exclamó cínicamente Enrique IV, cuando se convirtió al catolicismo para ceñirse a la corona de Francia. Y para cínicos desvergonzados, Petro, para quien la presidencia bien vale hasta una alianza con delincuentes. Y así, anda haciendo promesas imposibles y firmando compromisos temerarios.
Dónde firmo y les prometo “perdón social” a narcotraficantes asesinos a cambio de votos conseguidos con las armas y de dinero a raudales, promesa que sí cumpliría, como hizo Chávez, su mentor, porque “la platica” por bolsadas no sobra.
Dónde firmo y se reinician negociaciones con el ELN, y hasta con las disidencias, a cambio de los votos “libres” de Cauca, Nariño, Arauca y Catatumbo, votos manchados de indignidad y de sangre; y si hay que firmar más acuerdos para “una paz estable y duradera”, pues se firman.




