Desprevenidamente ingresé a la página de la Registraduría para ver los formularios E-14, los cuales consolidan la votación de los candidatos por partido en cada mesa de votación, pretendiendo certificar con mi voto personal el apoyo a Rafael Martínez como aspirante al Senado de la República, luego de que iniciales versiones daban cuenta sobre un supuesto fraude en contra del movimiento Fuerza Ciudadana.
No sé si fue sorpresa, decepción, rabia o frustración tal vez, lo que sentí cuando observé que en el número tres de la lista, dígito que identificaba al candidato, no aparecía ni un solo voto. De inmediato recordé que detrás de mí, en la fila para votar, también estaba un activista afín a esta causa, por lo que mínimo fueron dos votos los que le hurtaron a este grupo alternativo que soñaba con convertirse en partido político, pero que hasta ahora, por acción de la perversidad de un sistema electoral inspirado en la picardía y el fraude, ese sueño quedó aplazado.
En medio de la tribulación llegué a pensar que me había equivocado de mesa. Confirmé con la información al votante y superé cualquier duda, la consulta virtual fue correcta, voté en la mesa 17 del puesto de votación ubicado en el Colegio Nacionalizado Alfonso López de Valledupar. Por lo pronto no había nada que hacer, me habían robado el voto.




