El ingeniero tuvo un pié en la casa de Nariño y no sabemos a ciencia cierta cómo hubiese sido su eventual gobierno en caso de haber ganado las elecciones de junio pasado, aunque con su personalidad y las verdaderas intenciones que tenía en la cabeza yo me aventuro a afirmar que hubiese sido el mayor de los desastres para el país.
Rodolfo Hernández marcó un hito en la historia de las campañas políticas de Colombia al menos desde que tengo memoria algo no visto desde las elecciones a la alcaldía de Bogotá en el año 1995 por parte de Antanas Mockus y a la presidencia de la república por el mismo Mockus en el año 2010 cuando se impuso la muy recordada “ola verde” que por poco le gana las elecciones a Juan Manuel Santos, lo que Hernández hizo ni el mismo se alcanzó a imaginar.
Fue tal el furor y la cantidad de voluntarios que se unieron a su campaña desde el mismo momento que arrancó el proceso de recolección de firmas, que las líneas habilitadas para atenderlos colapsaron en las siguientes semanas a su apertura, y los encargados de la campaña en su natal Bucaramanga debieron armar toda una estructura para atender las cientos y miles de planillas que semanalmente llegaban de todo el país; pero cuando se volvió candidato la fiebre por el ingeniero se triplicó pues a todo lo ancho y largo del país la figura del viejito causaba curiosidad, empatía y solidaridad de miles de compatriotas que anhelaban a alguien que le dijera ladrones en su cara a los políticos, el resultado fue el esperado, se disparó como espuma.




