Por Mary Daza Orozco
Hace unos pocos años se despertaba con la desazón de escuchar que habían secuestrado a alguien, todos recordamos la virulencia y el desafuero que trajo la época de más violencia, y aunque la práctica no se ha terminado sí ha mermado un poco o un mucho.
Ahora la desazón es despertar y escuchar que otro joven, a veces un viejo, no quiso vivir más, dejó quizá la dureza de su vida y se fue hacia desconocidos horizontes, o quizás su mente enfermita lo llevó a detestar la vida y a salirse rápido de ella.




