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Diplomacia camorrera

Escuchar al presidente Maduro da pena ajena; sus arrebatos no consultados con la reflexión, imitando a su padre Chávez, pero sin su originalidad, son decepcionantes.

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Luis Napoleón de Armas P

Por: Luis Napoleón de Armas P

Columnista

Por: Luis Napoleón de Armas P.

Escuchar al presidente Maduro da pena ajena; sus arrebatos no consultados con la reflexión, imitando a su padre Chávez, pero sin su originalidad, son decepcionantes.

Uno ve en él a un hombre inseguro, proclive al chisme y que siempre está a la defensiva para atacar; su diplomacia es de columpio, pasando de la arenga hiperbólica a la calma colaboracionista; sus visiones esotéricas y fantasmagóricas, y su estilo camorrero, dejan ver su ventana oculta, que nadie dejaría ver; es un hombre con muchas prevenciones, que no está pendiente de cómo solucionar los urgentes problemas que tiene Venezuela sino de indagar qué dicen y hacen sus críticos locales y en el vecindario.

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