COLUMNA

Dios y el Estado

No me cabe la menor duda de que Dios nos crea y nos da la vida para ser buenas personas. Lo que pasa es que esto no siempre se cumple, por múltiples razones. Somos químicamente buenos, nacemos buenos. Sin embargo, dependiendo del caso, al enfrentar situaciones y conflictos sociales, vamos perdiendo esas ganas de hacer […]

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No me cabe la menor duda de que Dios nos crea y nos da la vida para ser buenas personas. Lo que pasa es que esto no siempre se cumple, por múltiples razones. Somos químicamente buenos, nacemos buenos. Sin embargo, dependiendo del caso, al enfrentar situaciones y conflictos sociales, vamos perdiendo esas ganas de hacer el bien y poco a poco pueden ganar las fuerzas que nos llevan a complejizar nuestras relaciones con los demás y aparece el conflicto. 

Nadie dice que la vida sea fácil y esta, sin duda, es más difícil para unos que para otros. La lucha por sobrevivir, por salir adelante, por buscar el éxito, generan dinámicas que pueden desdibujar en el alma las razones por las que vinimos al mundo y es común que los valores con los que nacemos se vayan perdiendo en el camino. Fenómenos como el hambre, la delincuencia, la mendicidad, son muestra de la desigualdad entre las personas y por eso hay ladrones, sicarios, secuestradores, terroristas. 

Dios hace su parte, pero el Estado también debe cumplir con la suya. La creación de oportunidades debe ser la prioridad de la política en esta época de tanta desigualdad. La fórmula es sencilla: las oportunidades se generan por medio de la creación de riqueza, sólo a través de esta creación de nuevos recursos puede financiarse un proyecto con énfasis social. Esa creación, que a su vez le provee recursos al Estado vía impuestos, solo puede darse con una estructura que fomente la libre empresa, que favorezca la seguridad jurídica, con un sector privado fuerte y robusto, que incorpore conceptos como el de la competitividad, la calidad en la producción de bienes y servicios y, de paso, que implemente políticas de remuneración justas y que premien los estudios, la experiencia y el trabajo bien hecho. 

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