La ONU planteó como medida urgente acelerar la descarbonización de todos los aspectos de la economía bajo la premisa de mantenernos en el camino de los 1.5°C, a 2050, lo que implica que el 90 % del carbón debe permanecer bajo tierra.
El rol del carbón como combustible ha llegado a su fin: los impactos negativos de su explotación y uso son mucho mayores que los beneficios. Además, la solución a la crisis climática le pasa factura a la dependencia del carbón, aunque la gran apuesta es reducir significativamente las emisiones causantes del calentamiento del planeta y el reto apunta a una recuperación económica alejada del carbón como fuente energética.
Se citan cinco razones que determinan que continuar extrayendo carbón y quemándolo es una mala decisión desde las perspectivas económica, política, ambiental, climática y de derechos humanos.




