Por: Luis Napoleón de Armas P.
Los enemigos naturales del proceso de paz que el gobierno Santos adelanta en Cuba con la FARC, tienen una visión maniqueísta del problema y de sus soluciones, y por eso se rasgan las vestiduras cuando contemplan la posibilidad de que los jefes guerrilleros, con los cuales se discute una posible paz, puedan portar una credencial de congresista. Cómo es posible, se preguntan, olvidando sus pecados, que un delincuente se siente en el capitolio nacional a legislar. La verdad es que esta preocupación sería válida si nuestro foro de las leyes fuera un tabernáculo o un centro de meditación y oración, pero no es así; no sería la primera vez que a este sitio llegasen delincuentes.
Recordemos que Mancuso dijo, en una ocasión, que tenían el 35% del congreso; y si eran de las AUC eran, igualmente delincuentes, y a la postre, se demostró que era así y hoy, muchos de ellos están presos, otros procesados, otros ya han purgado sus penas o siguen vinculados. En el Congreso de la República hay mucha gente buena pero tampoco es un convento de cartujos donde solo se comulga y se imploran las prácticas cristianas; este es el punto de encuentro de la mas alta gama de intereses políticos y económicos del país, muchas veces mezquinos, cuyas conclusiones no siempre son altruistas y pro sociedad civil, sino mas bien, puja de lobistas particulares y de sectores poderosos.




