El concepto de “Justicia Social” siempre ha sido trascendental en el discurso de la izquierda colombiana. El recuerdo más reciente que tengo, fue ver a Carlos Gaviria Díaz proclamar un poema del antioqueño Carlos Castro Saavedra titulado ‘Caminos de la Patria’, al final el fundador del partido político Polo Democrático Alternativo afirma: “eso es lo que nosotros pretendemos”, y se escucha la fervorosa ovación de los espectadores.
Para entonces, un gobierno de la izquierda era en nuestro país: una expectativa lejana, un difícil inicio y un gran esfuerzo por sembrar la semilla de la paz, justicia social y tolerancia en el subconsciente colectivo del electorado colombiano. La semilla que sembraron los optimistas del Polo, es hoy un árbol en crecimiento, Gustavo Petro, quien militó en el partido político es el presidente de la República y Francia Márquez, una mujer con una historia de superación personal extraordinaria, es la vicepresidenta.
Es para la opinión internacional sobresaliente que un excombatiente de un grupo al margen de la ley llegue, después de un proceso de justicia transicional, a la presidencia de la República por medios democráticos; y que una mujer perteneciente a uno de los grupos minoritarios más golpeados por la incansable violencia de nuestro país sea la vicepresidenta.




