COLUMNA

De regreso a la selva (Carta a nuestros senadores)

El país se nos volvió un espanto sin compás, con rectores sin alma y sin palabra. Esta provincia no nació para doblarse al primer viento que sople a través de gobiernos mal direccionados.

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“Lo que quiero es que tú no te vayas/Tú no debes dejarme solito/Cuando estemos en el campo de batalla/El perdido será Samuelito” …

Así le cantaba Samuel Martínez, uno de nuestros grandes compositores y músicos, a su hermano y a una región central del departamento del Cesar, su región, hoy emporio de trabajo y esperanza para una población sufrida, y aprovecho estas estrofas dicientes para arengar a los senadores del país para que respondan con la altura debida por los estragos que ya se ven venir de parte de quienes, sin control y sin medidas,  inclinados por emociones absurdas, entre ellas el odio y el resentimiento social, quieren destruir lo que con mucho sudor se ha construido.

En las regiones, es bueno recordar que aún existen vestigios del florero de Llorente que, por medio de la inteligencia emocional, aún pueden revivir, si es el debido tiempo, pero que, si se rompe, es posible, reciclar sus partes en justicia social, no en guerras. Por ello, me dirijo a ustedes con el alma entrecortada y los pies puestos sobre esta tierra caliente, donde el polvo sabe a historia y los amaneceres aún tienen el perfume de los lirios rojos del campo. Les hablo desde el corazón de un pueblo que no se arrodilla, pero que sangra en silencio mientras, allá en las más altas esferas gubernamentales, los juegos del poder se burlan de nuestra dignidad.

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