De todo, es la respuesta; porque un dictador no tiene límites, ni frente a su pueblo ni frente al mundo. Hoy en Rusia está prohibido protestar contra la guerra en Ucrania, y el que lo intente es capturado, como mostraban los noticieros.
Una imagen en The New York Times retrata la enorme distancia entre Rusia y Occidente. El 7 de febrero, cuando Macron fue a Moscú a hacerle show diplomático a Putin, aparecen sentados en las cabeceras de una gran mesa, con un “distanciamiento” que el Covid-19 no explica, pero sí el pie de foto: “…mientras Moscú continúa reforzando sus fuerzas y realiza amplios juegos de guerra, el presidente Vladimir Putin mantiene la ventana abierta para más negociaciones en un juego calculado… de persuadir a Washington y sus aliados para que acepten las demandas de Rusia”.
¿Cuáles son esas demandas? La Unión Soviética se disolvió en 1991, pero Ucrania es una despensa de alimentos y minerales estratégicos, y por su territorio pasa el 85% del gas que Rusia le vende a Europa. Por ello Putin recela de la “occidentalización” del país y considera una amenaza su adhesión a la OTAN.




