Por: Darío Arregocés
Colombia es un país único en el mundo, donde enfermarse es un lujo que solo algunas personas pueden darse, pues a los pobres deben someterse al llamado “paseo de la muerte”. Los medicamentos se venden a precios exorbitantes y ello incentiva el comercio ilegal de estos productos, sobre todo en zonas fronterizas. La adulteración de medicamentos está a la orden del día y más de un incauto ha sido engañado con productos de fabricación casera, hechos con harina, que aparentan ser legítimos.
Pues bien desde un tiempo para acá observo no sin preocupación, anuncios publicitarios de productos “milagrosos”para hombres, que prometen erecciones plenas, eyaculación abundante además de poder realizar varias veces el acto sexual con su pareja. Todo ello con la advertencia de “no tener ninguna contraindicación”. Su precio económico, sumado a la seductora mujer que ilustra la publicidad, atrae a más de un cliente potencial de la denominada franjade “viejitos azules” (el verde pasó de moda, pues la mayoría de los estimulantes sexuales son de color azul).





