En ocasiones, al hablar de la construcción del tejido social nos enfrentamos a críticas que sugieren que tales ideales son demasiado pacíficos para el gusto general. La controversia, el chisme y el revuelo son preferidos por algunos en lugar de la sana convivencia. Pero, ¿es esto realmente una necesidad inherente a nuestra era actual? ¿Es utópico pensar que la paz y el respeto mutuo sean la norma en lugar de la excepción?
Las buenas acciones parecen ser cada vez más raras, mientras que el amarillismo llena los espacios públicos y digitales. ¿Por qué esta inversión de valores? Estas preguntas, aunque incómodas, son importantes para entender la dinámica de nuestra sociedad. Nos retan a examinar de cerca nuestras prioridades y a cuestionar la validez de ciertas conductas que perpetúan la división y el conflicto en lugar de promover la armonía.
El amarillismo y las noticias sensacionalistas tienen un atractivo casi magnético. Las personas son naturalmente atraídas por lo novedoso, lo impactante y lo emotivo, y los medios de comunicación explotan esta tendencia. Las noticias que generan reacciones emocionales fuertes, ya sea miedo, indignación o curiosidad morbosa, capturan más la atención. Esta inclinación puede ser una consecuencia de nuestros instintos naturales para prestar atención a potenciales amenazas y eventos inusuales como mecanismos de supervivencia.




