1991 fue el año del “revolcón”, que fue como lo catalogó el entonces presidente de la República Cesar Gaviria, elegido tras el aleve asesinato de tres aspirantes al solio de los presidentes: Bernardo Jaramillo Ossa, líder de la Unión Patriótica; Carlos Pizarro León Gómez, del desmovilizado M-19, y Luis Carlos Galán Sarmiento, quien acaudillaba el Nuevo liberalismo, una disidencia del Partido Liberal Colombiano y quien se perfilaba como el más seguro triunfador en la contienda por la Presidencia en mayo de 1990.
El país por aquellas calendas más parecía una olla a presión a punto de estallar a falta de la válvula que limitara la presión a su interior, en momentos en los que el narcotráfico y los narcotraficantes desataron una ofensiva contra el Estado y este estaba contra la pared.
Primero fue el presidente Alfonso López Michelsen quien intentó, mediante la convocatoria de una “pequeña Constituyente” (1976), encontrar una salida a esta encrucijada y posteriormente el presidente Virgilio Barco propuso una consulta popular (1988) con el mismo propósito.




