Por Rodrigo Bueno
Todos sabemos que en virtud de la garantía de fábrica que el productor da sobre el vehículo (la cual se ejecuta en cualquiera de los concesionarios de la Red de Servicio de la Marca), el concesionario y la marca están obligados solidariamente a responder por el vehículo como dos toreros que sujetan el capote por sus dos extremos frente al toro, y que a ambos se les puede reclamar la efectividad de la garantía para que corrijan lo defectuoso y suministren repuestos y asistencia técnica durante 10 años.
A veces las marcas se quejan porque los concesionarios parecen jugar con la camiseta del equipo contrario, en vez de hacer frente común con ellos para sortear las embestidas de los clientes inconformes (dándole al asunto un manejo diplomático, manteniendo al departamento de servicio permanentemente informado sobre el desarrollo de la cuestión, dejando pruebas de las cosas en los ingresos del vehículo al taller de servicio y si es del caso, ganando tiempo mientras se podía identificar la causa del problema y darle solución).




