COLUMNA

Cuando el hambre se arraiga en el Estado 

Había planeado escribir esta columna periodística para halagar a mis consejeros periodísticos Tíochiro y Tíonan, dos valerosos personajes de la vida social, cultural, académica y contertulios de este país colombiano, quienes durante 688 columnas (con esta de hoy) publicadas en EL PILÓN me han acompañado con sus justas recomendaciones.

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Por Aquilino Cotes Zuleta

Había planeado escribir esta columna periodística para halagar a mis consejeros periodísticos Tíochiro y Tíonan, dos valerosos personajes de la vida social, cultural, académica y contertulios de este país colombiano, quienes durante 688 columnas (con esta de hoy) publicadas en EL PILÓN me han acompañado con sus justas recomendaciones.

Sus consejos han sido prácticos y geniales, unas veces han atinado y en otras los márgenes de error han sido ínfimos. Pero cambié de opinión a última hora por una charla telefónica que tuve con el pariente Fausto Cotes Nuñez sobre su columna de ayer –en este mismo medio- denominada “Mientras haya hambre la paz no existirá”. 

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