COLUMNA

Corte de cuentas

El respeto a los derechos humanos es una carta de presentación ante el mundo; en esta materia, el actual gobierno se raja

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Los empalmes en Colombia, previos al cambio de gobierno, han sido actos protocolarios, como si fuera el intercambio de la llama olímpica; queda la impresión de la falta de rigor en el análisis de lo sucedido en el cuatrienio que termina. Y, tal vez no se diga toda la verdad, mucho menos cuando quien vaya a recibir sea de la oposición. 

La nación nunca se entera de lo encontrado porque el contubernio es necesario. Lo que se debe hacer es un corte de cuentas que delimite el pasado del futuro. En un empalme convencional no se miran indicadores ni se denuncian las anomalías encontradas porque todo debe quedar en casa, los que entregan son los mismos que reciben y entre bomberos no se pisan la manguera. 

Es a partir de un riguroso corte de cuentas como se pueden construir y medir todas las acciones del gobierno. Teniendo este conocimiento, el informe de gestión del presidente saliente deberá ser más ajustado a la realidad y más alejado de la retórica tropical. La vara para medir la gestión de cualquier funcionario son los indicadores bajo su responsabilidad; a un presidente de la república se le mide por el manejo absoluto y relativo de los indicadores socioeconómicos bajo su dominio, comparable con los obtenidos en periodos anteriores y con los países pares. 

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