Esta, la de @petrogustavo, es una reforma agraria ambiciosa pero no está poniendo el foco donde es; además tiene muchos enredos a resolver. Su implementación será técnicamente difícil, improbable y lo más seguro es que se quede en el papel. La reforma anunciada es un buen paso en lo simbólico, en lo político y en su significado. El mensaje es contundente: las reformas necesitan paz política y sin consensos no hay avances. Su reto es convertirla en hechos, esos que dan credibilidad y gobernabilidad.
Pero la compra de los 3 millones de hectáreas no está fondeada. Petro habló de 60 billones de pesos y no los hay.
En buena hora el ministro Ocampo dijo que no se podían pagar tierras con bonos de deuda pública porque ello implicaría la: i) expedición de una nueva ley debido a que el Decreto Ley 902 de 2017 derogó esa forma de pago consignada en la Ley 160 de 1994; un ii) Decreto que la reglamente; y iii) un Acuerdo de la @AgenciaTierras que lo acoja. También sería necesario expedir otra ley, la que modifique la Ley 1473 de 2011, la de la regla fiscal y ello es, en tiempo, dos o más años. Más grave, romper la regla fiscal traería consecuencias desafortunadas para la economía.




