Mientras esperaba el cambio de semáforo observé una escena que capturó mi atención: un niño asomado desde el balcón del colegio CASD. Sus ojos estaban fijos en la esquina que conecta su colegio con el SENA.
Desde allí, él presenciaba un altercado entre un hombre en un carro blanco y otro hombre que ofrecía limpiar los vidrios del vehículo. El conductor, visiblemente molesto, discutió con el limpiavidrios. El semáforo aún no cambiaba a verde, pero el conductor ya había decidido avanzar. El niño, intrigado, observaba y aprendía de esa escena cotidiana.
Me pregunté: ¿qué pasaría si la situación fuera distinta? ¿Si el conductor hubiese mostrado paciencia y respeto? Reflexioné sobre nuestra tendencia a desobedecer normas tan simples, y casi sin pensarlo, me di cuenta de cuán importante son estos pequeños actos en la construcción del tejido social.




