COLUMNA

Congreso actual, un fracaso misional

Tres sectores nos han dado respiración: agropecuario, minero y comercio, que producen alrededor del 50% del PIB departamental pero el único que ha crecido es el minero, el menos intensivo en generación de empleo. 

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En Colombia los tres poderes que sostienen la democracia, son como un triciclo con una rueda grande, el ejecutivo que jalona,  y dos pequeñas conducidas y sin capacidad de generar cambios; nuestra democracia es única. 

La justicia es proclive a la venta de fallos y muchos congresistas son lobistas y alcahuetes del ejecutivo; a pocos les interesa utilizar su peso político para ayudar a sus regiones. En los primeros años de la fundación del Cesar y antes de esta, los congresistas tenían mística y sentido de pertenencia, su “vallenatía” era su estandarte. Esos años dorados ya pasaron, ya nadie arria las banderas del Cesar, la voracidad personal se impuso sobre el civismo. 

Aquí, esta conducta crece hiperbólicamente tal que a uno no debería importarle si tiene o no representación parlamentaria. ¿Para qué? La carta de presentación de quiénes aspiran a repetir curules tiene dos ítems: el número de proyectos de ley presentados y las partidas regionales conseguidas. Si es lo primero, esto no justifica su presencia en el Congreso de la República; leyes tenemos en exceso y la mayoría son inocuas o inconvenientes para muchos; además, con las que hay sobran, tenemos más leyes que soluciones; Suiza es manejada con 30 y los mandamientos de la iglesia católica son diez. 

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