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Como logré estudiar medicina (Primera parte)

Aunque el alto puntaje que obtuve en el examen de la Universidad Nacional de Bogotá, mediante el cual seleccionan la idoneidad de los nuevos estudiantes aspirantes a estudiar en sus diferentes facultades y programas académicos.

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Aunque el alto puntaje que obtuve en el examen de la Universidad Nacional de Bogotá, mediante el cual seleccionan la idoneidad de los nuevos estudiantes aspirantes a estudiar en sus diferentes facultades y programas académicos, no me alcanzó para ingresar a cursar la carrera de medicina, sino para estudiar la profesión de Veterinaria y Zootecnia. Me trasladé a Bogotá con la idea de insistir en la posibilidad de lograr mi ingreso a la facultad de medicina en el primer semestre de 1967. Lógicamente, me persuadieron, ya que la única posibilidad que tenía era que alguno de los aspirantes aceptados por mayor puntaje renunciara a su cupo. Lo cual, entonces era improbable porque en Colombia la Universidad Nacional era la más apetecida, no solo para estudiar medicina, sino cualquier profesión.   

Pese a mi difícil situación económica, decidí quedarme en Bogotá, alojado en la casa de la suegra de mi hermano Marcelo, quien en aquel tiempo trabajaba en dicha ciudad. Marcelo no cumplía el perfil profesional exigido para ocupar el cargo gubernamental que desempeñaba. Puesto conseguido por la influencia de, Hugo Escobar Sierra, destacado político del partido conservador, cuñado de Álvaro Gómez Hurtado, quien era hijo de Laureano Gómez Castro, expresidente de Colombia.

Mi hermano no era bachiller, y para validar tal título recurrió a una institución especializada en la enseñanza de bachillerato en corto tiempo, con el propósito de hacer el examen del Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación (ICFES), pero mi hermano en todas las ocasiones que hizo dicho examen no sacó buena calificación. Para evitar que mi hermano perdiera el cargo, voluntariamente le ofrecí que lo suplantaría para responder el examen del ICFES, y él me regaló un vestido nuevo marca Everfit para que yo asistiera bien elegante y aparentara mayor edad el día del imprescindible examen. Así, mi hermano obtuvo el diploma de bachiller y luego estudió abogacía. Después en Valledupar fue juez municipal, secretario en gabinete de la gobernación del Cesar, también diputado y director del DAS en el departamento de La Guajira. Lo cierto es que Marcelo no aprobó el quinto año de primaria, que estudió con su amigo Lucas Gnecco Cerchar (conocido como ‘Luquita’) en el colegio Nuestra Señora del Carmen de Valledupar, del benemérito profesor Leonidas Francisco Acuña Martínez. Porque ambos (Marcelo y ‘Luquita’), en el quinto año de primaria perdieron casi todas las materias, hasta disciplina.  En contraste con Hernán, mi otro hermano mayor que Marcelo, que en dicho colegio fue alumno ejemplar. entonces, mis padres enviaron a Marcelo a estudiar lejos de Valledupar. Y fue alcalde de Juradó, municipio chocoano lindante con Panamá.   

En Valledupar, al profesor Leonidas Acuña Martínez, por su gran labor social, le han otorgado múltiples honores. Uno de los megacolegios de Valledupar lleva su nombre. Lucas Gnecco Cerchar (‘Luquita’), siendo el primer gobernador del departamento del Cesar elegido por votación popular, establece la “Medalla al Mérito Pedagógico Enrique Pupo Martínez”. Y el 17 de marzo de 1993, el honorable profesor fue el primero que la recibió. 

Yo en Bogotá, me rebuscaba mi sustento cargando un morral lleno de utensilios para cámaras fotográficas que utilizaba en sus actividades José Vargas, fotógrafo profesional que vivía en la casa de la señora Leticia Palacios, la suegra de mi hermano Marcelo.

Entonces, los estudiantes de la Universidad Nacional a menudo hacían huelgas, en las que a veces ocurrían muertes violentas que obligaban a cerrar el campus universitario. En vista de esta situación decidí inscribirme en la Universidad del Valle de Cali que también tenía alto prestigio, y con pocas huelgas estudiantiles. El examen de admisión lo hice en la Universidad de los Andes de Bogotá, gracias a Dios también obtuve alto puntaje, quedando entre los seleccionados para comenzar a estudiar mi soñada profesión en el segundo semestre de 1967.  

Por José Romero Churio

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