COLUMNA

Colombia, una falsa democracia

En Venezuela, si bien hay actos de autoritarismo, allá no ocurren masacres ni muertes sistemáticas al adversario; tampoco chuzadas, ya se supiera

canal de WhatsApp

Si ubicamos a Colombia dentro del concierto de las democracias del mundo, encontramos que la nuestra es una fachada detrás de la cual acecha alevosamente un Estado gendarme que cada 4 años pone en la Casa de Nariño a un chofer para que conduzca los designios del país por una senda destapada en cuya vera se esconden los dueños de la casta que lo dirige; allí se agazapan los asaltantes del erario y los francotiradores de todo tipo dizque en nombre de la Constitución, apoyados por las armas legales e ilegales; de ahí surge el concepto de paramilitarismo, rama del poder que se encarga del trabajo sucio, ex cátedra de los cánones de los derechos humanos. 

Con esta lógica, millones de compatriotas fueron desalojados de sus propiedades o masacrados dentro de ellas, todo en nombre de la falacia de que existe un enemigo interno al que se debe combatir. Este fenómeno se llama expropiación por la vía rápida. Las catilinarias de nuestro gobierno contra el venezolano son la aplicación de uno de los principios de Gobbels de asignarle al enemigo el perfil que uno mismo tiene.

En Venezuela, si bien hay actos de autoritarismo, allá no ocurren masacres ni muertes sistemáticas al adversario; tampoco chuzadas, ya se supiera. 

Sigue leyendo

Crea tu cuenta para leer el artículo completo

Desbloquea el resto de la historia e inicia sesión para seguir leyendo sin interrupciones.

TE PUEDE INTERESAR