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Colapso inminente del neo imperialismo

La premonición de Bolívar acerca de la misión de los EE. UU., con relación a los pueblos de Latinoamérica, se está cumpliendo a rajatabla al nivel de las mejores predicciones de Nostradamus.

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La premonición de Bolívar acerca de la misión de los EE. UU., con relación a los pueblos de Latinoamérica, se está cumpliendo a rajatabla al nivel de las mejores predicciones de Nostradamus. Sus ambiciones territoriales no han tenido límites; su extenso territorio se hizo a expensas de sus vecinos y de otras colonias europeas como la francesa. A México le cercenaron más de la mitad de sus dominios. A fines del siglo XIX le compraron Alaska al zarismo por un mendrugo, US$7,5 millones; Putin debe llorar todos los días.

Panamá le fue arrebatada a Colombia por US$25.000, por cuya venta ni los Sanclemente ni los Holguín rindieron cuentas, y siguen flamantes gobernando a Colombia; EE. UU. es el país que más ocupaciones tiene en todo el mundo mediante convenios como en el caso de las bases militares o por arbitraria usurpación. Este es un imperio que vive en función de la guerra, que le brinda pingües ganancias. La Segunda Guerra Mundial les dejó grandes utilidades en lo científico y económico y solo intervinieron cuando Japón atacó la base de Pearl Harbor, dos años después de haberse iniciado las acciones bélicas, cuando ya Europa, África y Asia habían sido domeñadas por la bota nazi.

La URSS fue la región más afectada por esa guerra; perdió alrededor de 25 millones de tropas, la mitad del total, además quedó devastada física y económicamente. Si Alemania no hubiera subestimado a la URSS, hoy los latinos, “raza inferior”, no existiéramos; tenemos una deuda de gratitud con la URSS, a cuya desaparición le jugaban los EE. UU. Este país siempre se ha comportado como un imperio, mostrándose como el adalid de la democracia; antes fingían sus ambiciones y acciones, ejerciendo sus intereses a través del lacayismo internacional.  Después emplearon sofisticados métodos como el lawfare, con falsos procesos judiciales y narrativas prefabricadas, creando lo que hoy se llama casus belli, para justificar intervenciones militares como las de Irak, Libia y otros países petroleros. Ahora cartelizan a los países y presidentes que no les son gratos, como acaba de ocurrir en Venezuela, y con la misma estrategia se sataniza a Colombia y a Petro, su presidente, la tapa del corcho. Secuestrado Maduro, independientemente de que sea o no dictador, que a ellos poco les interesa, ya Trump dijo lo que quería: el petróleo venezolano y sus minerales; los carteles de la cocaína quedaron atrás, pero las cosas, quizás, no les resultarán tan fáciles como él cree; el petróleo es muy sensible para los venezolanos.

No hay enemigo pequeño; recordemos cómo EE. UU. salió derrotado de Vietnam después de 10 años de guerra intensa. Todo tiene una vida vegetativa, hasta los imperios; el colapso de EE. UU. es inminente, Trump lo sabe y está desesperado. El gran PIB de ese país no se debe a su producción, reducida hoy a la fabricación de armamentos —lo demás viene por maquilas—, sino a las inmensas utilidades que le deja la transacción internacional en dólares; Maduro lo estaba haciendo en yuanes. Las transacciones que, en otras monedas, están haciendo los BRICS lo tienen nervioso.

La reelección de Trump indica que la sociedad gringa está en decadencia y esto arrastra al imperio. Según el presidente Samper, Trump es un loco suelto; alguien deberá amarrarlo. No se descarta que después vendrá por Petro, ante la mirada impávida de sus vecinos, según Bertolt Brecht; ya en el caso de Venezuela, todos salieron corriendo porque ven eso como una pelea ajena. Solo Brasil, México y Colombia han alzado su voz de protesta en forma contundente.

Por fortuna, estos tres países poseen el 75 % del PIB de Latinoamérica; no importa que la mayoría de los pordioseros arrodillados de este continente esté en manos de la derecha proimperialista. Brasil es la 10.ª economía del mundo y México la 15.ª, ambos del grupo BRICS, y Colombia avanza por esa vía. Mientras tanto, organismos burócratas como la ONU y la OEA deben desaparecer, incluso la CELAC, clubes al servicio del imperialismo.

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