La primera clave es que la marcha fue un hecho político; inédito por lo prematuro -a tan solo 49 días del gobierno de Petro- y como todo hecho político, generó opinión y conversación cotidiana.
Ese tipo de conversación, la cotidiana, tiene un efecto multiplicador porque permea y entra en el colectivo social, en la masa; se cuela en cafés, oficinas, bares y en los aposentos de las casas.
La otra clave es que la política se abrió a otros espacios; también se hace en la calle y en las redes y no solo en el Congreso ni con los políticos. Ello no es nuevo. Petro, Hernández y Fajardo repudiaron a los políticos y a los partidos políticos en campaña y tuvieron el 72% de los votos. La marcha refleja desconfianza en la institucionalidad política, la población les tiene hastío, y por lo mismo la oposición se hará, no tanto en el Congreso, sino con marchas en la calle y en las redes sociales. Y la impulsará más la ciudadanía que los políticos. Los amigos de Petro también apelarán a esos mismos espacios comunes. Ahí también se movilizarán. De hecho, están convocando una marcha de apoyo para noviembre.




