Desde 1971, aproximadamente, atravieso esa población, pero solo eso, cruzar por sus orillas. Nunca había ingresado a su centro histórico, pero siempre tuve la intención de conocer más. Lo concreté recientemente con una corta pero fructífera visita, guiado por el amigo cienaguero, Luis Cantillo, concluyendo rápidamente que esa ciudad posee un invaluable patrimonio histórico, arquitectónico y cultural.
Me pregunté varias cosas sobre su pasado y encontré que fue fundada en 1525 por Rodrigo de Bastidas habiendo recibido, finalmente en 1908 el nombre de Ciénaga, siendo en asuntos de tipo legal “Ciénaga-San Juan del Córdoba”.
Observé lo hoy existente, fruto de su pasado y he imaginado su futuro y mi primera conclusión fue que debió ser maravilloso haber vivido en su etapa floreciente y llena de gusto, producida por la bonanza bananera, de la cual es muestra su sólida arquitectura neoclásica, siendo un verdadero tesoro y de entre las cuales podemos contar el edificio de la Alcaldía, la sede de una institución universitaria, el colegio de La Presentación, la mal entendida “Casa del diablo”, nombre que se asocia impropiamente con el rey de los infiernos, la iglesia de San Juan Bautista y el templete del Parque del Centenario.




