Por Jarol Ferreira Acosta
Alguien criado y educado para lo mejor que la vida pueda brindar, para que las personas le obedezcan y lo provean; un artista, en pocas palabras, cuya preocupación principal ha sido siempre el placer ofrece siempre, hasta sin proponérselo, una mirada única, incomparable.
“Siento que me habita la irrealidad que percibo en el arte”, dice este obrero consagrado a un oficio casi exclusivamente hedonista, universal y que no considera otra opción que la de arriesgarse. Las metáforas que plantea en su trabajo invitan a reflexionar sobre nuestro entorno local; su pasado, su tradición y sus límites.




