Por José Gregorio Guerrero
Cuando salgas victoriosa de esa habitación atiborrada de aparatos, me gustaría leyeras esta carta que no es más que un homenaje a las ganas de vivir y a la fe desmedida de una familia y de un pueblo entero.
Ese sábado cuando apenas iniciábamos labores encontré a tu padre en la recepción de cuidados intensivos con el alma echada atrás como cuando al tiempo pretenden arrebatarle los segundos sin ser contados.




