Nos sigue sorprendiendo muy positivamente el presidente Abelardo de la Espriella. Además de los excelentes resultados que viene obteniendo de manos de la fuerza pública, dando golpes letales a la criminalidad, está “cortando por lo sano” con los privilegios de los que por años disfrutaron los “presos de cuello blanco” de Colombia. Son numerosos los casos de corrupción, bien detallados por algunos medios de comunicación, en los que hemos visto la suntuosidad con la que vivían ciertos hampones en varias cárceles a lo largo del país. El colmo.
Delincuentes que vivían una verdadera vida de lujos y disfrutando de la protección del Estado, 24-7. Millones de colombianos, trabajadores y tributantes de buena fe, veníamos pagando la vida y los lujos de bandidos que no tenían más “cualidades”, que ser amigos del gobierno anterior. ¡Se les “acabó la guachafita!” De la misma manera, el presidente que elegimos la mayoría ha estado desmontando los esquemas de seguridad de exfuncionarios del gobierno Petro, que por años desangraron el sistema en detrimento de figuras del talante de Miguel Uribe Turbay.
Varios exministros ya deben pagarse ellos sus esquemas o salir a la calle, como “cualquier hijo de vecino”, aceptando los insultos y maltratos de una sociedad que se cansó de su corrupción, su desfachatez y su desidia. Ya no más esquemas millonarios para personajes siniestros como Juliana Guerrero -la misma de los títulos universitarios falsos- ni para Guillermo Alfonso Jaramillo, quien desde el Ministerio de Salud llevó a la muerte a miles de colombianos. Esta nación cuidaba a personas que compraron títulos para demostrar estudios que nunca iniciaron y protegía funcionarios que instrumentalizaron el sistema de salud para afectar a miles de familias a quienes se les negó de manera sistemática atención adecuada, medicamentos, cirugías. ¡No faltaba más!






