COLUMNA

¿Arroz o marañón? El dilema de la rentabilidad del campo colombiano

Colombia necesita articular la innovación tecnológica con políticas y condiciones económicas que garanticen la viabilidad de quienes producen nuestros alimentos.

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“No siembren arroz, no es rentable; siembren marañón”. Esta afirmación del ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, desató una polémica mediática con el sector arrocero del país, que se apaciguó posteriormente tras una aclaración del funcionario. Sin embargo, el debate puso sobre la mesa una discusión necesaria: ¿cómo construir un sector agropecuario rentable sin comprometer la seguridad alimentaria de los colombianos? El campo necesita este tipo de conversaciones para formular políticas públicas razonables, sustentadas en las realidades de los empresarios agropecuarios y los campesinos.

Cada actor del debate tiene razón suficiente para cuestionar una actividad que amenaza con generar pérdidas, pero también resulta improcedente desconocer que el arroz forma parte esencial de la alimentación cotidiana de los colombianos.

Según Fedearroz, el arroz es el segundo cultivo con mayor extensión en Colombia, con 711.375 hectáreas sembradas, y constituye un pilar fundamental para la seguridad alimentaria del país. A pesar de su amplia producción, el año pasado se importaron cerca de 90.000 toneladas de arroz blanco y, además, ingresaron aproximadamente 262.200 toneladas por contrabando, lo que equivale al 16% del consumo nacional.

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