Las instituciones del Estado colombiano hay que renovarlas, para que funcionen y atiendan a los ciudadanos como debe ser: a tiempo, diligentes y oportunos.
Necesitamos un Estado que se esmere a prestar los servicios públicos de manera eficaz, sin ningún asomo de inoperancia. Instituciones que traten y atiendan al usuario por igual de importante, sin importar la clase social, su estratificación, su abolengo o su posición política.
Se requiere también que en las instituciones –sobre todo públicas- laboren funcionarios idóneos, ecuánimes, capaces y responsables. Ya está bueno de tantos mamarrachos empotrados en las oficinas públicas que en vez de ayudar al ciudadano lo que hacen es alejarlo.




