Es indudable que el escenario de la democracia implica igualdad en participación y oportunidad para todos; sin embargo, a estos roles de elección popular deben llegar los mejores, los candidatos más capaces, aquellos sin mácula de ninguna clase, que conserven una conducta intachable, ciudadanos probos, honestos y lo más importante con vocación de servicios.
La fecha de elección está próxima, razón por la cual debemos estudiar minuciosamente las hojas de vida de cada uno de ellos. Esto, partiendo del hecho de que, si queremos un Congreso renovado, es fundamental que elijamos a los más idóneos. Ciertamente se requiere una transformación radical y ojalá total en la estructura organizativa, operativa y funcional de este cuerpo legislativo. Ya está bueno de seguir votando por los mismos que se mantienen atornillados e imantados al poder y quieren perpetuarse en sus curules, tras una absurda, miope y nula capacidad de gestión; suficiente con dos periodos de elección.
Es igualmente reprochable elegir al próximo Congreso de la República a ciudadanos investigados, aceitados y engrasados por la mermelada y lo más detestable, patrocinados por caciques políticos al margen de la ley. Llegó el momento crucial, si de verdad existe el sincero deseo de transformar a este país, de enderezar la ruta y volcar la mirada por los senderos de cambio y opción; es menester, que el próximo Congreso esté conformado por gente diferente en su manera de pensar y actuar.




