Por Carlos Guillermo Ramírez
Por estos días es común enterarnos en las noticias, sobre los accidentes de tránsito, por la imprudencia de conductores ebrios, lo cual parece una epidemia que ha azotado todas las ciudades del país; mientras que las autoridades de tránsito se empeñan en hacer controles de rutina para identificar las rutas del alcohol y los imprudentes, el Gobierno Nacional ha anunciado el incremento de las penas para quienes incurran en estas conductas y con ella ocasionen muertes o lesiones personales.
De todo esto, lo que llama la atención, es que en Colombia no existe la definición de una política criminal, porque está demostrado que nos movemos al vaivén de los escándalos, pues para cada escándalo respondemos con creación de nuevos delitos y aumento de penas.




