Por Marlon Javier Domínguez
La religión nos brinda una visión distinta del “aquí” y el “ahora”, pero también nos abre a la contemplación y esperanza del “más allá”.
El fenómeno religioso no puede detenerse en la consecución de un asidero que nos garantice cierta estabilidad y salud mental en medio de los vaivenes esta vida, sino que debe también proyectarnos a la consecución de una vida más plena y feliz, una vida eterna en la que encontremos nuestro verdadero ser y se vean saciadas nuestras más profundas ansias, al fundirnos con Dios.




