Quien sea presidente de Colombia, Petro, ‘Fico’ o Fajardo deben, el 7 de agosto, arriesgarse y tener el arrojo de conformar un gobierno de unidad nacional si no quieren entrar en la desgastante dinámica de la polarización, esa que divide a la patria en dos países irreconciliables, en agua y aceite, en la izquierda recalcitrante y en la derecha igual.
La polarización agudiza las contradicciones y elimina -tal y como anota Moisés Naim en “La revancha de los poderosos”- la posibilidad de soluciones intermedias y obliga a los electores a tomar partido anticipadamente. También promueve el voto “anti” Petro o “anti” ‘Fico’.
La polarización es un veneno que instala el odio, la exclusión y transforma al elector en un “hincha” barra brava de un equipo de fútbol o en un “fan” furibundo de un artista, en este caso, sería de su candidato; y ello implica que, a diferencia de un seguidor político que le plantea exigencias a su líder, el fan político le ofrece apoyo incondicional. Con los fans no hay rendición de cuentas sino aplausos, ovaciones y tribu. En la polarización no hay partidarios sino áulicos, de Petro y de Uribe por ejemplo.




