COLUMNA

Aquellas cucarachas de antaño

Posiblemente si usted hoy manda a un muchacho con esta frase obtenga resultados distintos: Ves al Boliche, tráeme una muchacha que sea traquitraqui, tu premio será una chiricana grandota y picante.

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Posiblemente si usted hoy manda a un muchacho con esta frase obtenga resultados distintos: Ves al Boliche, tráeme una muchacha que sea traquitraqui, tu premio será una chiricana grandota y picante. El muchacho es posible que no conozca los boliches, esos globitos de vidrios con colores en forma de llama por dentro generalmente rojos, azules, amarillos y verdes y era la pregunta obligada para los curiosos como metían esos colores ahí tan perfectos. Y lo peor, algunos adultos algo más formados llamaban canicas. 

Nosotros siempre los llamamos boliches y ya. Pensarán igual que una chica traquitraqui es algo traqueta como algunos músicos vallenatos, que luego se quejan porque siempre donde hay un grupo de narcos son los primeros en estar presentes, menos mal que el gobierno del norte trabaja secretamente en un listado donde analizará cuáles son esas joyitas para negarles entrada al país, y al mismo tiempo evitar lavaderos, no precisamente de ropa sucia.

Esas gotitas azules derramadas sobre basto papel eran los traquitraqui, que si bien tenían algo de peligro no pasaba de quemar la uña como advertencia. Tal vez esa generación fue menos adicta a los robos de cualquier especie, hoy con las transferencias se roban todo en la cara de todos y lo mejor, como si fuera premio casi todos aplauden como si esa fuera la misión. Y en cuanto a la chiricana grande, ese dulce extinto en la Provincia, los jóvenes pensaran que es alguna chica cantante de nombre Ana y famosa cada semana porque algo le agarran sus seguidores, como ella misma no encuentra de donde agarrarse en serio. Y en los castillos pasan muchas cosas, no olvidemos el verso del viejo vate cartagenero, ‘El Tuerto’ López:  La mujer que da en fumar, con aires de libertina, amarga con nicotina, la dulzura del besar, y   cuando suele bailar, remolina la cadera, va buscando lanzadera y se bebe y se emborracha, expone la cucaracha a que la pise cualquiera.

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