COLUMNA

Anexo pertinente a mi anterior columna 

Por mi columna titulada, “Qué tanto ha cambiado nuestro mundo”, publicada el pasado jueves 13 de octubre, he recibido comentarios a favor y en contra, entre estos últimos algunos satíricos con tintes de matoneo. Obviamente, por el respaldo explícito y franco al presidente Petro y a la vicepresidente Francia Márquez. No es una queja porque […]

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Por mi columna titulada, “Qué tanto ha cambiado nuestro mundo”, publicada el pasado jueves 13 de octubre, he recibido comentarios a favor y en contra, entre estos últimos algunos satíricos con tintes de matoneo. Obviamente, por el respaldo explícito y franco al presidente Petro y a la vicepresidente Francia Márquez. No es una queja porque la diversidad de criterios alecciona.

Teniendo en cuenta la complejidad y susceptibilidad del tema, además la limitación de espacio, digamos que este anexo amplía mi análisis pertinente a la lucha continua de la humanidad por el mejoramiento de su bienestar que, en sí mismo, entraña la regulación del comportamiento humano relacionado con el maltrato a los semejantes, especialmente a los más débiles y vulnerables. 

En lo atinente a la igualdad de todos los seres humanos la humanidad ha sido renuente; es decir, nunca ha podido ocultar tal intolerancia; en consecuencia, podría decirse que la expectativa de la equidad humana no ha dejado de ser utopía. Paradoja que riñe con el principal atributo que posee la humanidad, a todas luces su inteligencia es muy superior a la de los otros seres vivientes. La humanidad con su inteligencia ha alcanzado un enorme progreso en el ámbito científico-tecnológico, que contrasta con la involución de la moral y la ética, lo que se conoce como inversión de valores.

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