“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios…”. 1°Juan 3,1
En ocasiones podemos sentir que Dios está a punto de descalificarnos, cansado de nuestros tropiezos, muchas veces, nosotros mismos nos sentimos abrumados por las inconsistencias y reacciones de nuestra humanidad.
En vez de caminar confiadamente, creyendo en sus promesas, tememos que la tolerancia de Dios para nuestros fracasos tenga un límite y tengamos que andar peligrosamente por la orillita de su voluntad; siempre santa, agradable y perfecta.




