Aún hoy recuerdo cuando Alvaro Gómez Hurtado en 1986 fue derrotado por Virgilio Barco Vargas; yo, aunque menor de edad e irreverente, ya empezaba a entender que la política y la vida pública son oficios de resistencia, poco o nada nobles.
Ya con mayoría de edad y todavía irreverente, en 1990, vimos caer derrotado por tercera vez a la presidencia de la república a Gómez Hurtado frente a César Gaviria Trujillo. Con Gómez Hurtado comprendimos desde muy temprano el sabor que deja en el paladar la derrota.
Aunque nací en 1969, tengo el leve recuerdo, de nuestros mayores, lamentándose en aquel 1974, cuando la mejor versión de Gómez Hurtado fue derrotada por Alfonso López Michelsen.




