Por Rodrigo López Barros
La humanidad remota, a nuestros ojos de hoy, fue un período largo de tanteos de su incipiente entendimiento. Hizo lo que a duras penas podía. Pobres remotos antepasados nuestros. Dignos ahora de nuestra misericordia y gratitud.
En lontananza, sin embargo, comenzaba a titilar una lámpara intelectual sobre las llanuras y los montes griegos, moradas de los dioses, en islas y costas del Egeo y Mediterráneo, que luego se tornó en faro luminoso de toda la humanidad. Su literatura, arte, filosofía y ciencias fueron impregnando cada vez mejor su conciencia.




