En estas épocas preelectorales a los candidatos al Congreso y mucho menos a la presidencia, difícilmente se les escucha hablar de cultura, de folclor o de vallenato, parece que esos temas están vedados en políticas públicas, por eso en Colombia sabemos qué el Ministerio de Cultura es una oficinita, cuyo presupuesto lo supera con creces una secretaria de algunas ciudades del país.
Al único candidato presidencial que se le escuchó hablar de economía naranja, tal vez porque había ayudado a escribir un libro sobre ese tema para mejorar su hoja de vida, fue al hoy presidente Duque, yo fui uno de los que alcancé a ilusionarme, inclusive caí en la tentación de asistir a reuniones en Planeación Nacional para ayudar a redactar algunos artículos del Plan de Desarrollo en los que supuestamente se materializaría el gran apoyo a la Cultura y a sus diversas vertientes.
Se le acabó el mandato a Duque y la cultura sigue siendo en Colombia la cenicienta, ya ni él mismo se acuerda que significa la economía naranja, ni qué fue lo que propuso en campaña para las ciudades o distritos naranjas. De esa algarabía solo quedó el rimbombante nombre de un viceministerio, llamado de la Creatividad y la Economía Naranja. El presupuesto de Mincultura es y seguirá siendo el más pírrico de todos los ministerios.




