No voy a referirme con nombre propio a campaña alguna porque no se trata de criticar el funcionamiento de una de ellas en especial, simplemente enumeraré características que incluso pueden ser comunes a varias y que al calor de la contienda no son percibidas por los protagonistas, pero que al momento de contar los votos pasarán su cuenta de cobro, muy seguramente poniendo en riesgo la elección.
Por ejemplo, vemos a una campaña política más parecida a una bolsa de valores, que al proceso organizado para influir en la voluntad colectiva a favor de un candidato o tendencia ideológica. Ese mercado bursátil se mueve de acuerdo a las encuestas de favorabilidad y opinión, así tasan el precio del coequipero y hasta de periodistas.
En sus cuarteles no se habla de acuerdos programáticos, solo alquilan una estructura política para el debate y el lunes siguiente al día de elecciones ya la camaradería de la campaña finaliza, por eso los que creen que ganan y hasta festejan el supuesto triunfo, a los pocos días comienzan a sufrir la indiferencia que únicamente acaba cuando llega una próxima elección.




