Atravesé basuras, podas y mierderos… sería lo que escribiría el compositor Pedro García Díaz si hubiera hecho mi recorrido del mediodía del martes, en vez de aquel trasegar errante que lo incrustó en nuestro imaginario colectivo.
Decidí caminar desde el SENA a los cortijos para con tristeza confirmar que definitivamente se convirtió mi idilio una quimera, por eso ahora me llaman el errante.
Nos toca errar en su doble connotación, porque al caminar nos damos cuenta de que nos equivocamos al creer que sea una buena idea en la ciudad que estamos viviendo, y porque al recrear aquellas caminatas que hacían parte de nuestro diario y alegre vivir nos encontramos con una triste y sucia realidad.




